Hanta Yo(c.1) by Ruth Beebe Hill

Hanta Yo(c.1) by Ruth Beebe Hill

Author:Ruth Beebe Hill
Language: es
Format: mobi
Tags: sf_history
Published: 2010-06-10T23:00:00+00:00


Wani... su... ogna... wanisugna

La semilla... viva... desgrana... el origen

La mujer embarazada, mujer entre dos reinos, mujer que desarrolla una vida... vida acuática... criatura de agua... en los orígenes.

Sonido más sentido que oído, sonido susurrador como de altos árboles frondosos que murmurasen, sonido que desapareció lentamente cuando Wanagi intuyó una presencia, acaso algo más que una presencia, cerniéndose sobre él. Algo, alguien, se movía a su alrededor haciendo lo posible para llamar su atención, movimiento más sentido que visto, movimiento sombrío pero amistoso.

Se sintió un tanto a disgusto por no tener algo puesto. Quiso levantarse, pero cayó de espaldas, falto de fuerzas.

Algo le rozó con suavidad, roce estimulante que dio energía a su bloque espiritual recién nacido.

Se incorporó, bamboleante su cráneo. Igual que un niño pequeño.

¿Él un niño pequeño a la sazón? ¿Él un recién renacido? Pero él había querido ver su nacimiento.

—Verás tu alma, pero no todavía. Lejanamente escuchó la respuesta de su pensamiento. Sabedor de pronto de su rápido desarrollo en aquella etapa, su bloque espiritual pasaba ya de la infancia a la juventud. Wanagi se puso en pie. Pero su desnudez le sobresaltó y le amedrentó su debilidad. Intrigado, esperó que alguien le dijera cómo atraer la energía que le rodeaba.

¿Alguien? Miró a su alrededor, pero su vista, desenfocada, sólo le permitió ver lo que tocaba a su propio crecimiento. Y vio que los «abuelos» no querían contribuir a su desarrollo. Por lo que entendió que debía atender a cualquier voz que quisiera conducirle.

Uno habló entonces, claro su tono, seguras las palabras: —No te moverás mediante pasos, sino mediante ondas de fuerza. Impulsa tú yo adelante.

Wanagi se movió, impulsándolo una corriente de pensamiento, sorprendiéndole, agrandándole el movimiento. Pero agotó en seguida su energía.

Tras repetir el mismo pensamiento —su deseo de avanzar—, volvió a moverse. Pero no llegó muy lejos; le costaba respirar.

—Aquí respiras de otro modo. Prueba a respirar honda y plenamente en vez de hacerlo con las cortas bocanadas habituales.

Wanagi probó a aspirar al máximo. Y descubrió que el moverse por voluntad propia y el respirar de manera diferente le inducían a buscar algo que necesitaba con urgencia. De pronto supo qué buscaba nutrición.

—La comida que cojas de aquí —le dijo una voz—, guárdala. Las magnitudes que vayas acumulando actuarán creativamente y con reciprocidad al igual que la carne y las bayas hacen efecto en un cuerpo material.

Cuando Wanagi pidió «ver», la voz que respondía pareció sonreír.

—Ya sabes que la vista es una sensación inferior. Cuando quieras ver algo lejano, desplázate. Aquí iluminas tu yo a medida que creces. Aquí conoces a uno mediante la iluminación del espíritu.

Y la voz prosiguió:

—Ahora comprendes un poco de las condiciones de tu bloque espiritual. A medida que evoluciones en tales condiciones, irás ganando en comprensión. Pero mientras no te acostumbres a tu consciencia superior, desplázate con suavidad, haz las cosas despacio.

El cuerpo espiritual de Wanagi había alcanzado la edad de su yo visible. Y había absorbido las realidades de un elemento distinto para convertirlo en actividad material. Entonces oyó una voz que le dijo que volviera.



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